Fecha 10 enero, 2012 · Categoría Artículos

Pasé este fin de año en Buenos Aires, Argentina, una tierra mágica que se parece a Italia pero en español. Una región donde descubrí personas amables, muy buen vino y excelente carne. Un país orgulloso de lo que es, de sus tradiciones, de su tango, de su fútbol, de su intensidad para expresarse y ser. Llegó la media noche y con ello la celebración que, en mi opinión, ha sido la más “explosiva” que he visto en mi vida. Me subí a un edificio de un conjunto de apartamentos y, lo que vi, trajo a mi mente las escenas que pasaban por la televisión cuando los estadounidenses bombardearon Irak: estelas de luz que surcaban el cielo nocturno sobre edificios iluminados, por encima de un Buenos Aires que celebraba, contrario a lo que había visto en la TV, no la muerte sino la vida. En verdad que este espectáculo, que duró 2 horas ininterrumpidas, es algo que usted algún día debería de presenciar.

Mirando hacia la calle, observaba cómo la gente (en su mayoría mujeres) corrían con maletas y una gran sonrisa en sus rostros. La tradición sugiere que quien lo hace, tendrá muchos viajes durante ese año que comienza. También se comen 12 uvas con las 12 campanadas del nuevo año, poniendo en cada fruto todos los  deseos, todos los anhelos. En ese momento, se abraza uno con la gente que quiere o ama y le desea lo mejor; se celebra el haber llegado al inicio de un nuevo ciclo y se brinda por la esperanza que siempre se imagina como algo mejor.

Es en esas horas o esos días donde todos abrimos una ventana o una puerta hacia el cambio. Estos ritos nos hacen conscientes –aunque sea momentáneamente– de que necesitamos modificar algunas cosas en nuestras vidas, alguna actitud, algún hábito, nuestros ingresos o nuestra figura. Las buenas intenciones y los mejores propósitos nos acompañan en esos momentos. Desafortunadamente, la mayoría no pasa de esta fase y las rutinas nos vuelven a secuestrar ¿Acaso se dio cuenta de que sus propósitos de este año eran muy parecidos a los del año pasado?

El secreto de estos cambios no está en lo que queremos, sino en nuestro nivel de conciencia, en darnos cuenta de lo que estamos haciendo o dejando de hacer y que, por más que uno salga a la calle con 5 maletas o se coma todo un viñedo, las cosas no van a cambiar sólo por llevar acabo un ritual una vez al año. Los que tenemos que transformarnos, somos nosotros. Si queremos cambiar hay que aprender cosas nuevas y estar dispuestos a aplicarlas. Hay que modificar lo que algunos expertos mencionan como nuestro “Índice de Congruencia”. Este indicador tiene dos variables y ambas hay que calificarlas dentro de una escala del 1 al 10.

Primera variable: ¿Qué tan grande es su deseo de aprender? Lo que significa ¿cuánto dinero, esfuerzo y tiempo deseo invertir para aprender? ¿Qué está dispuesto a dejar de hacer o renunciar para lograrlo? Califíquese del 1 al 10.

Segunda variable: ¿Qué tan grande es su deseo de cambio? Cambiar en el pensar, hacer, sentir.  Es decir, ¿qué tan dispuesto está a hacer algo diferente? También, califíquese del 1 al 10.

Por ejemplo, si su deseo de aprender es 10 pero su deseo de cambiar es 0, entonces haga la siguiente operación: 10 por 0 es igual a 0.

Si usted es un empresario de Multinivel ¿Cuál es su índice de congruencia? La meta de todos nosotros debería ser igual a 10 x 10. O sea, igual a 100. Así que si usted tiene, digamos, 5 en su deseo de aprender y su disposición al cambio es, también, de 5, su índice de congruencia sería de 25 (5 x 5)

Dibuje en una hoja de papel una línea horizontal y ponga en el extremo izquierdo de la misma el número 0 y en el extremo derecho el número 100. Marque sobre la línea el resultado de su índice de congruencia.

Este ejercicio será algo similar a verse en el espejo. Verá cómo su resultado será muy acorde al  rendimiento económico que está teniendo en su negocio de Multinivel actualmente. Sin embargo, aunque el resultado pudiera parecer negativo, creo que todos nos deberíamos sentir muy contentos ya que, si modificamos nuestro índice de congruencia y subimos nuestro deseo de aprender, así como de aplicar lo aprendido, el resultado lógicamente será mejor.

La idea es que dejemos de engañarnos y que veamos lo que estamos obteniendo dentro de nuestros negocios, no como buena o mala fortuna, sino sencillamente lo que es: un resultado.

Si usted festejó el nuevo año con algarabía, cohetes, uvas y maletas, le felicito y me congratulo de su entusiasmo. Sin embargo, si usted logra mejorar su nivel de congruencia en este año que comienza, aunque no haya comido uvas y lo haya pasado dormido o cenando plácidamente, le puedo augurar muchos viajes, más satisfacción y mejores ingresos acumulados al final de este nuevo ciclo.

El trabajo consistente es el mejor rito que puede practicar, no sólo en año nuevo, sino por el resto de su vida.