Fecha 25 noviembre, 2011 · Categoría Artículos

Me estaciono y pongo mi camioneta de frente a la pequeña cordillera de cerros de colores otoñales que rodean a mi ciudad. Bajo mi bicicleta color rojo (¿de qué otro color podría ser?) y me coloco todo el equipo de protección ciclista: casco, guantes, zapatos, lentes y mi reproductor de música. Veo el reloj de mi auto y marca las 9:03 a.m. y 22 grados centígrados. Mi perra “Trushka” (Pastor Belga Malinois) me acompaña con apenas 5 meses de edad.

Empiezo el recorrido y observo una escena bellísima: es un día lluvioso y las nubes se encuentran a baja altura (como habitante del desierto, es curioso como para nosotros “un día bellísimo” es cuando hay nubes y lluvia, lo que para los habitantes de Bogotá, Santander, España, Costa Rica o el noroeste de Estados Unidos es un día aburrido y feo). La lluvia de esta temporada no es estrepitosa ni violenta; cae como una suave brisa que acaricia  la tierra y las plantas. Genera cortinas de agua perfectamente bien definidas que avanzan lentamente.

Emprendo la marcha y observo cómo la tierra me señala que algunos ciclistas pasaron muy temprano por esa misma ruta. En mis piernas siento la arena mojada que el rodado de las llantas van desprendiendo sutilmente y mi perra mágicamente me sigue, fielmente pegada, siempre a mi lado derecho, a la altura de la rueda de atrás. Subo y bajo, doy vuelta a la derecha y luego a la izquierda y es entonces cuando el manto de esa cortina grisácea de agua nos envuelve y entro en una especie de “éxtasis existencial” ya que ese momento me llena profundamente y una extraña sensación de plenitud eriza mi piel. El agua, que cae suavemente, va mojando mis lentes, mi casco y mi ropa. Volteo hacia atrás y veo a Trushka también empapada, pero sigo adelante. La lluvia cesa y después regresa. Es muy divertido. Imprimo velocidad y adrenalina y súbitamente, en un punto llamado “El Civil”, me detengo y observo mi ciudad a lo lejos. Mi perra se detiene en automático y se sienta como si la hubiese entrenado por años a hacer eso. Apago mi reproductor de música y empiezo a escuchar la vida. Algunos pájaros, la lluvia que cae en el casco y fuera de eso, un absoluto silencio; una quietud maravillosa.

De pronto, recapacito y reflexiono. Volteo para adelante de la pista y para atrás y no hay nadie; estoy solo. Únicamente mi perra y yo estamos disfrutando de este momento. ¿A donde se fueron todos? Se fueron a trabajar en un plan de vida convencional 40-40 (40 horas a la semana por 40 años) el cual, ciertamente, no les permitió acompañarme. Con esto no quiero afirmar que hacer multinivel es la única manera de disfrutar momentos como éste. No hay nada peor que ser absolutistas, donde se presuma que sólo este negocio es la única salida a una mejor calidad de vida. No, para nada. Yo sólo estoy describiendo que en mi ciudad está lloviendo, está haciendo un clima maravilloso, es martes, son las 9:34 de la mañana y no hay nadie, porque todos los ciclistas que conozco están en este momento trabajando. Eso es todo.

Si uno desea vivir momentos así, catalogados desde mi óptica como extraordinarios, tiene que hacer cosas extra-ordinarias; es decir, fuera de lo ordinario. Por lo anterior, si un día alguien le cuestiona por estar desarrollando un multinivel en lugar de hacer un “negocio ordinario”, cierre los ojos y visualícese con un gran grupo de distribuidores en su red que le permitan generar un flujo de efectivo suficiente para no tener que buscar un empleo. Imagínese libre para ir en bicicleta con su familia, o con su mascota, en cualquier día de la semana, o lo que usted catalogue como una “experiencia maravillosa de vivir”.

Haga cosas diferentes si desea resultados diferentes. Imagine, visualice y crea que es posible, porque lo es, pero también tenga la conciencia de que habrá de poner un esfuerzo consistente para poder experimentarlo. Y de esa manera, un día cualquiera de una mañana cualquiera, se descubrirá solo en medio del silencio, con gotas de lluvia en sus lentes, abrazado de una gran quietud, y agradecerá a la vida una vez más por el privilegio de haber encontrado el multinivel y haberlo convertido en una realidad para usted.